Mientras en muchas partes del mundo, el Día del Niño se celebra el 20 de noviembre, acá, por cuestiones no muy serias, se celebró en el día de ayer.
Y más allá del aumento de los productos infantiles, y que las ventas hayan subido en proporción a otros años, hubo un dato que borró por completo la sonrisa de mi niño interior y le dejó escapar una lágrima de bronca y de tristeza…

Se dice que, últimamente, los ricos son más ricos y los pobres son más pobres, pero en los últimos años esta brecha se agudizó cuatro veces más, y si hace diez años una persona rica alcanzaba a tener 30 veces más que una pobre, ahora la desproporción es de 130 a 1.
Sin embargo, lo más indignante, lo que más me dolió, lo que me hizo hoy escribir sobre este tema fue tener conocimiento de que mil quinientas millones de personas en el mundo viven con menos de un dólar por día.
Y esta cifra va en aumento…
Pero lo más desgarrador es que mientras pensamos en esas personas (sobre)viviendo en el aire, con chicos muriendo antes de crecer, con panzas doloridas por la falta de alimentos, por enfermedades curables pero fuera del alcance, arrojados a un costado del camino del mundo, olvidados por los gobiernos, se supo que el dinero que se utiliza como gasto militar de EE.UU. en Irak y Afganistán, alcanzarían, no una sola vez, sino DOS VECES, para acabar con la pobreza MUNDIAL.
Ayer fui el Día del Niño acá en Argentina, y en otros lugares lo será el 20 de noviembre.
Pero muchos de ellos no lo saben, y si lo saben no lo entienden.
Sigo soñando con un mundo mejor en el que todos nos unamos por la paz y la justicia.
Que lo hagamos por los chicos, pero también por nosotros los grandes, que somos quienes tenemos que llenar de ejemplos y valores a los más pequeños.
Alguna vez, el Día del Niño serán todos los días…
Y en ese momento, un mundo mejor dejará de ser sólo un sueño.
